28 febrero 2026

Lo más humano de todo

Yo también te sueño despierta,

con mi cabeza refugiada en tu pecho

y mis manos perdiéndose bajo tu espalda, 

como si ya conocieran el camino.


Sueño ese beso en la frente:

protector, profundo, casi sagrado, 

ahogado en un silencio que lo dice todo.


Y deseo que, cuando me leas,

puedas dibujar cada escena en tu mente,

porque yo las he vivido,

las he sentido, las he guardado,

como se guarda un amor que nunca fue 

pero que ardió como si lo hubiera sido.


Un amor cobijado en la memoria de lo inexistente,

como quien delira y ya no distingue 

entre lo soñado y lo real.


Aprendí de una anciana en Italia

a preparar raviolis caseros,

con manos marcadas por la historia

y el corazón fuerte de quien alimentó a muchos 

en la Segunda Guerra Mundial.


Hoy los preparé.

Y cocinaste conmigo.


Había una copa de vino,

risas alrededor,

miradas cómplices que lo notaron todo.


Lo dijeron.

Se contagiaron.

Porque el amor —aunque invisible—

tiene presencia. Y se siente.


Bailé.

Amé.

Cociné.


Con un hombre

que quizá nunca tenga,

pero que en mi universo ya ha sido mío mil veces.


Hoy, por ti,

como una loca más,

deliré.


Y nunca te tendré,

porque aunque me pertenezca tu amor,

aunque me pertenezca tu esencia,

jamás será suficiente

si no tengo tu presencia.


Porque el amor puede sentirse,

puede respirarse en la distancia,

puede habitar los pensamientos

y dormir en la memoria…

pero sin tu presencia

se vuelve eco,

se vuelve sombra,

se vuelve un suspiro suspendido

que nunca termina de tocar la piel.


Y yo no quiero solo tu esencia,

no quiero solo lo que imagino,

no quiero solo lo que sueño.

Te quiero tangible.

Cercano.

Real.


Pero aun así,

aunque no te tenga,

aunque nunca te tenga,

sigues viviendo en mí

como lo imposible que más he amado.


Y cuando logre tenerte,

no me conformaré con solo retazos.

No aceptaré migajas de tiempo

ni fragmentos de tu presencia.

No quiero amarte a medias,

ni sostener apenas sombras de lo que podríamos ser.

Si llego a tenerte,

te querré entero,

sin pausas,

sin límites impuestos por el miedo,

sin despedidas disfrazadas de paciencia.


Porque un amor así

no nació para ser pequeño,

ni para sobrevivir en pedazos.

Y yo…

yo no sé amar en fragmentos.


Pero tampoco pediría más,

porque soy incapaz de herir a los nuestros.

No sabría construir mi felicidad

sobre lágrimas ajenas,

ni sostener nuestro amor

si para hacerlo

tuviera que romper otros abrazos.


Hay amores que arden,

que laten con fuerza indomable,

pero también existe la conciencia,

esa voz suave que recuerda

que no todo lo que se desea

debe tomarse.


Y aunque te quiera entero,

aunque mi alma te nombre en silencio,

no sería capaz

de sembrar dolor

para cosecharte a ti.


Porque amar también es saber

cuándo detenerse…

aunque duela.


Y cuánto me duele…

Cuánto duele esta conexión perfecta

de amarnos

y no tenernos.

Cuánto duele saber

que el amor está,

que existe,

que vibra limpio y verdadero,

pero no puede habitar el mismo espacio.


Duele que ya no elegimos solo por nosotros,

sino por nuestro legado.

Por los nombres que nos llaman,

por las manos pequeñas que nos sostienen,

por las historias que ya comenzaron sin dar paso a este amor.


Duele ser adultos.

Duele ser responsables.

Duele entender que no todo lo que late fuerte

está destinado a quedarse.


Y aun así…

esta conexión sigue intacta,

como un hilo invisible

que no se rompe

aunque decidamos no cruzarlo.


Porque hay amores que no se viven,

pero se sienten para siempre.


Cuando veo Titanic siempre vuelvo a llorar…


Porque sé que Rose DeWitt Bukater vivió. Tuvo compañía.

Envejeció con dignidad.


Pero en el fondo…

nunca volvió a amar como amó a Jack Dawson.

Y eso es lo que rompe.


No la tragedia del barco.

No el océano helado.

No la despedida en el agua.


Lo que duele es saber

que hay amores que suceden 

una sola vez en la vida.

Amores que no se repiten,

que no se reemplazan,

que no admiten comparación.


Rose siguió viviendo,

pero una parte de ella quedó suspendida

en aquella proa,

con los brazos abiertos,

creyendo que el mundo era infinito

porque lo miraba con él.


Y quizás eso es lo más humano de todo:

Que se puede seguir adelante.

Que se puede cumplir.

Que se puede sonreír.


Pero hay un amor que se convierte en medida de todos los demás…

y nadie vuelve a alcanzar esa altura, nuestra altura.


Por eso lloro, quizás tú lloras.

Porque entiendes.

Porque sabes que vivir no siempre significa volver a amar de la misma manera.

20 febrero 2026

Mi identidad

De niña, cuando iba al campo de mis abuelos, en Anamuya, Higüey, a la hora de cocinar siempre acompañaba a mi abuela a la hortaliza a recoger las verduras para la comida. Esa imagen se me quedó grabada en el alma… y siempre soñé con ser esa mujer.

La que recogía hojas para hacer té, la que barría el patio cada tarde para disfrutarlo sin hojas secas, la que se preparaba a las seis para ir a la iglesia.

Incluso le pedía a Dios una casa de tablas de palma, cobijada en zinc; un marido cariñoso y cinco hijos, a quienes anhelaba hacer felices.

Pero también deseaba ser abogada, ir al tribunal en moto y falda corta, probar con hechos la inocencia de algunos.

Amar intensamente, sin ataduras, sin obligaciones… y disfrutar de ese mundo revolucionario interno en el que vivía sumergida.

Y de estas dos mujeres me quedé con ambas!!!

Me quedé con la que ama la tierra y el olor a hojas frescas al amanecer, con la que encuentra paz barriendo su patio y preparando té con sus propias manos, con la que sueña con un hogar lleno de risas, respeto y amor consciente; Pero también me quedé con la que piensa, cuestiona y defiende.

Con la que no teme al mundo, que puede subirse a una moto, llegar al más dificil lugar y sostener su voz con firmeza.

Con la que ama intensamente, pero sin perderse a sí misma.

Me quedé con la espiritualidad sin renunciar a la inteligencia, con la ternura sin abandonar el carácter, con el deseo de cuidar… y también de liderar.

No elegí entre hogar o libertad, elegí construir un hogar donde la libertad también vive. No elegí entre tradición o revolución, elegí ser una mujer con raíces profundas y alas fuertes.

Esa soy yo:

una mujer que puede orar y argumentar, que puede abrazar y decidir, que puede amar sin ataduras y comprometerse sin miedo.

Y entendí que no eran dos sueños opuestos, eran dos partes mías esperando reconciliarse.

Y aquí estoy... 

y Sí!, hay otra mujer dentro de la que escribe… pero no es una tercera distinta. Es la conciencia que observa a las otras dos.

Dentro de la que sueña con hogar, dentro de la que sueña con libertad, hay una mujer que mira, que integra, que decide.

Esa es la mujer adulta, esa también soy yo.

Es la que ya no vive desde la fantasía infantil ni desde la rebeldía idealizada, sino desde la elección consciente. Es la que entiende que no necesita probar nada para existir. Es la que puede tomar de cada versión lo que le pertenece… y soltar lo que era solo ilusión.

La que escribe no es solo la soñadora ilusionada ni la revolucionaria vanguardista. Es la mujer que ya se está conociendo.

Y esa mujer tiene algo nuevo:

Más serenidad que la niña.

Más equilibrio que la rebelde.

Más profundidad que ambas.

No vive dividida, vive integrada.

No compite consigo misma, se escucha.

Y lo más bonito… es que esa tercera mujer no aparece de golpe. Se construyó haciéndome este tipo de preguntas.

26 septiembre 2011

Cansada, de todas las noches lo mismo, verte llegar, hacer el amor luego a dormirnos... cansada de verte partir en las mañanas, de quedarme sola en cama, de decir lo que siente mi alma y vivir soñando que digas que amas...

Cansada, de anhelar que me abraces de madrugada, que me despiertes con un beso y callada responder con el alma colgada. Cansada, de dar tanto y no recibir nada, de vivir una pesadilla y soñar un cuento de hadas...

Cansada, de disimular y estar a puertas cerradas, de esconder al mundo que soy yo quien te ama. Cansada de resignarme y de no hacer nada, de mitigar entre el alcohol y las lagrimas esta pena que me ahoga y destroza mi karma...

Cansada, simplemente cansada, de un falso sonreír, de amar y no ser amada,
cansada de estar tan cansada...

16 diciembre 2010

Hoy al amarte he renunciado a la oportunidad de verte,
de tocarte, de besarte, de imaginarme como te ves al despertarte.
He decidido mantenerme al margen, porque te amo y me basta escucharte.
Me cuesta contener las ganas de buscarte y encontrarte, pero he aprendido
que los cuerpos no tienen el mismo arte que las almas para amarse.
Te extraño y esto es algo que no puede obviarse pero es mejor vivir
de un sueño que en una realidad desplomarse.

08 diciembre 2010

Aunque no puedo verlo lo siento, sigo aquí sentada a la expectativa esperando que me cites y me des la respuesta. Se que estas allí, a puertas cerradas, firmando la sentencia tomando una decisión que estoy segura no es la correcta. ¿porque me quieres juzgar? ¿de que me acusas o condenas? no entiendes que es mi derecho aunque cohibirte del tuyo quieras.

Se han abierto las puertas, dictaminas la sentencia:
" mujer queda en libertad con el alma atada en cadenas, pues el amor a hecho un acuerdo y hemos mitigado su pena".
¿Porque realizas homicidio atando mi alma en cadenas?
prefiero morir con mi amor aunque sea detras de las rejas...!!!

Aquí en este pretorio has prevaricado, abusas de tu poder para encubrir tu pecado sentenciando con la mía tu alma porque el derecho de sentir me has quitado negándote la libertad que tu alma tanto a buscado.

¿Tu sainagua del tiempo? yo fantasma del pasado..!
¿tu en un barco de cartón? y yo un velero abandonado...!
mas hoy eres el juez y yo quien he sido juzgado.

Yo subdita en mi propia nacion, la del corazon,
eximida de mis derechos por entregar mi corazón resignada a morir en prisión
con la certeza de que mi alma no muere y que despues de mi no habra sucesion.

Porque eres mas especial de lo que piensas...
Te Quiero...