De niña, cuando iba al campo de mis abuelos, en Anamuya, Higüey, a la hora de cocinar siempre acompañaba a mi abuela a la hortaliza a recoger las verduras para la comida. Esa imagen se me quedó grabada en el alma… y siempre soñé con ser esa mujer.
La que recogía hojas para hacer té, la que barría el patio cada tarde para disfrutarlo sin hojas secas, la que se preparaba a las seis para ir a la iglesia.
Incluso le pedía a Dios una casa de tablas de palma, cobijada en zinc; un marido cariñoso y cinco hijos, a quienes anhelaba hacer felices.
Pero también deseaba ser abogada, ir al tribunal en moto y falda corta, probar con hechos la inocencia de algunos.
Amar intensamente, sin ataduras, sin obligaciones… y disfrutar de ese mundo revolucionario interno en el que vivía sumergida.
Y de estas dos mujeres me quedé con ambas!!!
Me quedé con la que ama la tierra y el olor a hojas frescas al amanecer, con la que encuentra paz barriendo su patio y preparando té con sus propias manos, con la que sueña con un hogar lleno de risas, respeto y amor consciente; Pero también me quedé con la que piensa, cuestiona y defiende.
Con la que no teme al mundo, que puede subirse a una moto, llegar al más dificil lugar y sostener su voz con firmeza.
Con la que ama intensamente, pero sin perderse a sí misma.
Me quedé con la espiritualidad sin renunciar a la inteligencia, con la ternura sin abandonar el carácter, con el deseo de cuidar… y también de liderar.
No elegí entre hogar o libertad, elegí construir un hogar donde la libertad también vive. No elegí entre tradición o revolución, elegí ser una mujer con raíces profundas y alas fuertes.
Esa soy yo:
una mujer que puede orar y argumentar, que puede abrazar y decidir, que puede amar sin ataduras y comprometerse sin miedo.
Y entendí que no eran dos sueños opuestos, eran dos partes mías esperando reconciliarse.
Y aquí estoy...
y Sí!, hay otra mujer dentro de la que escribe… pero no es una tercera distinta. Es la conciencia que observa a las otras dos.
Dentro de la que sueña con hogar, dentro de la que sueña con libertad, hay una mujer que mira, que integra, que decide.
Esa es la mujer adulta, esa también soy yo.
Es la que ya no vive desde la fantasía infantil ni desde la rebeldía idealizada, sino desde la elección consciente. Es la que entiende que no necesita probar nada para existir. Es la que puede tomar de cada versión lo que le pertenece… y soltar lo que era solo ilusión.
La que escribe no es solo la soñadora ilusionada ni la revolucionaria vanguardista. Es la mujer que ya se está conociendo.
Y esa mujer tiene algo nuevo:
Más serenidad que la niña.
Más equilibrio que la rebelde.
Más profundidad que ambas.
No vive dividida, vive integrada.
No compite consigo misma, se escucha.
Y lo más bonito… es que esa tercera mujer no aparece de golpe. Se construyó haciéndome este tipo de preguntas.
3 comentarios:
Wow y ahora tu thé es de oja recogida?
Hoja se ecribe con H , hija mía, aprende español.
Wow tienes un talento wow 😍 😱 estoy sorprendida
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